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1924 – J. E. MEJÍA UCLÉS

1924 - J. E. MEJÍA UCLÉS

1924 – J. E. MEJÍA UCLÉS

Francisco López Padilla y Camilo López  Girón.

Hombres de fe.

Uno de los hechos históricos que más ha llamado mi atención como inquieto investigador histórico es la de la presencia del enclave bananero en el norte del País,  la de la Revolución de 1924 y la figura de hombría de Gregorio Ferrera. Entre los que hoy vivimos y aquella gesta revolucionaria hay una similitud, que trataré de esclarecer.  Las guerras de Honduras, obedecían a una serie de factores, esencialmente políticos, caudillistas, las intervenciones extranjeras: las de las compañías bananeras negociando con dictadores corruptos y las del gobierno norteamericano: 1903, 1907, 1911, 1912, 1919, 1924,  1925 y nuevamente en  2017, mientras la compañías bananeras dominaban el sector clave de la exportación de bananos, la concesión de las tierras,  el agua y el uso y disfrute de las vías ferroviarias, sin olvidar aquellas intervenciones de los países fronterizos.

Trataré de analizar el “Diario de la Guerra de Honduras, del 30 de enero al 30 de abril de 1924”, escrito por Mario Rivas de Cantruy, quien va pergeñando él desenlace de los hechos y  las carretadas de muertos. De manera detallada va dibujando los acontecimientos de aquella gesta que marca un hito en la historia de Honduras;  noventa y cinco años de aquel movimiento de principios e ideas que cambiaron la psicología del hondureño y que así mismo dieron lugar a una dictadura de 16 años, que como colofón de la revolución,  cambio las mentalidades de los hondureños, las confronto y sirvió de base para que las ideas de nuevas generaciones de hondureños, brotaran como nuevas ramas en el árbol histórico de nuestro país.

En el Manifiesto,  al pueblo hondureño, después del quebrantamiento de la constitución de 1894, violada por el gobierno de López Gutiérrez, así como la libertad del sufragio, permitiendo que el Congreso Nacional propiciara la Dictadura, en vista de tal equivoco; el Occidente del país y especialmente el pueblo de Intibucá,  se alzan en armas, enfrentándose a la Dictadura, excitando al pueblo hondureño a sumarse a la cruzada de preservar la democracia, en defensa de la libertad, la justicia y el derecho, encabezada la rebelión por los Generales Vicente Tosta Carrasco y Gregorio  Ferrera González, desde Santa Rosa de Copán, el 10 de febrero de 1924.

Empiezan Ferrera y Tosta, la lucha libertaria con la convicción  política identificada con los derechos de sus conciudadanos, sobre todo Ferrera con el apoyo de sus compatriotas de Intibucá, y de una pléyade de hondureños que creyeron en una nación identificada entre sí. Y, no de la intervención extranjera,  que nos ha impedido consolidarnos como un país con identidad propia. Podemos, pensar que la Revolución del 24, tuvo en el fondo el simbolismo de la cultura democrática, de la tolerancia, el pluralismo, los derechos humanos. El liberalismo de las ideas.

Las gestiones emprendidas por el Cuerpo Diplomático acreditado en Honduras, en aquel entonces, estuvo inspirada única y exclusivamente en evitar el derramamiento de sangre y la destrucción de la propiedad, que significa la lucha armada en Tegucigalpa. Nada tiene que ver el Cuerpo Diplomático con la parte política del problema; nada le importa el color político de un bando u otro, ni le interesa tampoco saber los fines  políticos de unos y otros. Lo único que si le interesa al Cuerpo Diplomático es la parte humanitaria de esta grave situación. El fin que ha perseguido el Cuerpo Diplomático ha sido evitar los peligros de la lucha armada en Tegucigalpa, pues que de llevarse a cabo ésta, sufrirán no sólo las partes beligerantes, sino también la población civil, incluso ciudadanos e intereses extranjeros.

Bien manifestaba Rivas, “no es que nosotros defendamos la guerra, no. La condenamos en un sentido general, pero sin dejar de reconocer que hay cosas peores que la guerra misma. Y si no fuera por la guerra, que, si es un desastre pasajero para el país, es también un abismo fatal para el desenfreno de los gobernantes, acabaríamos por volver tan abyectos y tan sumisos que perderíamos hasta la noción de los derechos ciudadanos. Se entronizarían las tiranías, perecerían las libertades públicas, y el pueblo quedaría despojado del único derecho que hasta ahora nadie le ha podido quitar o sea el de levantarse en armas cuando se cree defraudado en la confianza depositada en sus Mandatarios”.

Lo que debió haberse hecho en 2017, y no se hizo.

 

Por: J. E. MEJÍA UCLÉS

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