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Caravanas migratorias

Caravanas migratorias

La migración humana generalmente se asocia con motivaciones específicas de los ciudadanos que van desde el espíritu de conservación y el deseo de superación, lo que hace que muchas personas se vean en la necesidad de movilizarse hacia otra región o país, desplazándose de su lugar habitual de residencia, dispuestas a afrontar los retos que ello implica.

En los últimos tiempos también podemos agregar a los motivos personales para migrar otras razones como ser un ambiente económico, social o político que pone en riesgo la permanencia de una persona y de su familia en un país. Dependiendo de la magnitud, las migraciones pueden causar un impacto en las sociedades, tanto de los países abandonados por los ciudadanos como de los países receptores.

Los estados miembros de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) reconocen dos tipos de categorías en los casos de persecuciones: refugiado y asilado. Los refugiados generalmente suelen huir de un conflicto y desplazarse en masa hacia otros estados con la intención de salvaguardarse personalmente. En cambio, los asilados suelen ir a otros países por motivos de persecución política y generalmente se trata de casos más individualizados.

En la actualidad, las corrientes migratorias se producen en varias regiones del mundo por motivos económicos, por la falta de empleo y de oportunidades para progresar, por la inseguridad, así como por la búsqueda de mejores opciones para estudiar y superarse académicamente.

Todo lo anterior se menciona como una introducción al caso tan inusual que estamos presenciando, donde miles de hondureños, hombres, mujeres y niños, agrupados en caravanas han emprendido un largo viaje para tratar de ingresar a los Estados Unidos de América. Alrededor de esto se han tejido diferentes versiones, que van desde la participación de personajes políticos hasta los problemas de inseguridad, falta de empleo y de oportunidades. Mucho se ha escrito sobre el tema, pero algunas de las opiniones vertidas han sido matizadas por los intereses o inclinaciones particulares.

La realidad es que independientemente de cómo surgió esta idea de viajar en caravana, los hondureños debemos sentirnos avergonzados y apesarados de ver estos compatriotas arriesgando sus vidas y las de sus familias, pasando muchas penurias y sufriendo una larga y pesada travesía, para emprender un viaje hacia un destino incierto, con la esperanza de poder cumplir el sueño americano. En contraposición, no podemos dejar de reconocer que en estos tiempos modernos no se puede ingresar a un país sin cumplir con las leyes migratorias y estas iniciativas lo que probablemente provocarán será un endurecimiento de estas leyes, no solo en Estados Unidos sino que otros países también.

Esta triste experiencia debería servir para crear conciencia en todos los hondureños, independientemente de sus inclinaciones políticas o tendencias, para que unidos impulsemos las acciones que se necesitan para convertir a Honduras en un país seguro y de oportunidades. Para esto es importante lograr que las instituciones funcionen, que se aplique la ley a los corruptos, que se pare el despilfarro y los recursos se utilicen en forma transparente y focalizada hacia proyectos y programas que mejoren la calidad de vida y las oportunidades de las personas, ofrecer educación acorde a las exigencias de estos tiempos y servicios de salud integrales, eficientes y oportunos, el combate frontal a las maras y pandillas, que logremos el clima propicio para atraer inversión y generar empleo. No podemos seguir sintiéndonos orgullosos de que las remesas sean el principal producto de exportación.

Si seguimos haciendo lo mismo tendremos los mismos resultados, hasta que el vaso rebalse y todos sufriremos las consecuencias. Tenemos que soñar y luchar por una mejor Honduras.

 

Por: Arturo Alvarado Sánchez, exministro de Finanzas

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