InicioOpiniónCartel petrolero de la humanidad

Cartel petrolero de la humanidad

Corrupción en perspectiva

Cartel petrolero de la humanidad

Al abordar el problema energético, se ha dicho con autoridad que la inflación es el impuesto que más golpea y atrasa el desarrollo de los pueblos. Y sabemos por experiencia que los precios de los energéticos, en particular del petróleo, es factor decisivo de los niveles de inflación porque afecta todo el proceso productivo, el desarrollo de los pueblos y de la sociedad internacional.

En función de los diversos ciclos económicos y situaciones de seguridad que atraviesa el mundo, el precio del petróleo asciende, a veces hasta estrangular la economía de unos países, echando por tierra gran parte de su desarrollo anterior y haciendo imposible su desarrollo sostenible. En el caso de Honduras, durante el boom petrolero que llevó el barril a 140.00 dólares, hubo años en que nuestra factura petrolera llegó a representar más del 70% de nuestras exportaciones.

Si el precio volviera a subir a esos niveles, nuestra economía se tornaría insostenible, por mucho que nos esforcemos en estimular las fuentes alternativas. Con todo y el Acuerdo de París, observadores realistas sitúan el consumo mundial del petróleo en el 2040, en el doble del que actualmente consume, sin perjuicio de la lucha por la defensa del medio ambiente.

Por tal motivo, cae perfectamente en el ámbito de la cooperación económica, social y humanitaria internacional de las Naciones Unidas gestionar el establecimiento de un centro que procure regular un mínimo de estabilidad en el mercado del petróleo, como factor decisivo al logro de los objetivos de desarrollo sostenible.

Debemos recordar que en 1982, como fruto de extensas negociaciones en el marco de la ONU, se suscribió la Convención de las Naciones Unidas para el Derecho del Mar, confiriendo a los fondos marinos el tratamiento de patrimonio común de la humanidad.

El petróleo es un recurso fundamental para el desarrollo y podría convenirse, en el marco de una negociación mundial, ser objeto de un tratamiento especial, sin que ello suponga menoscabo del derecho soberano de los estados sobre sus recursos naturales.

Conviene tener presente que los países productores de petróleo han expresado un interés en establecer mecanismos de estabilidad en los precios y suministros del hidrocarburo. Hace un par de años, en un foro celebrado en París, afirmaron:
“We need to remember that low prices are bad for producers today and lead to situations that are bad for consumer tomorrow.

And high oil prices are bad for consumers today and lead to situations that are bad for producers tomorrow”.

La Secretaría General de la ONU podría convocar un grupo de personalidades preeminentes en la materia, con autoridad moral y con amplia representatividad internaicional, para que explore prima facie el diseño de un sistema regulador de la producción, el suministro, del establecimiento de stocks de contingencia y el precio del petróleo. Esto solo se podría lograr con la cooperación de importadores y exportadores. El objetivo sería procurar que el suministro y el precio del petróleo sean previsibles a precios justos y equitativos para los importadores y consumidores, y remunerativos para los productores y exportadores. Esa es la clave.

Deben considerarse, desde luego, los intereses de los estados, de las empresas petroleras, de los pueblos del mundo, de la incidencia de la tecnología y de la inversión en la industria y de la estabilidad económica y financiera internacional. La puesta en marcha de esta iniciativa puede representar una contribución efectiva para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible con mayor celeridad.

Porque moderar el mercado del petróleo con previsibilidad representaría la transformación de un sistema de imprevisiones, desigualdades e injusticias, en un posible cartel petrolero de la humanidad, donde estuvieran representados los intereses de productores-exportadores, importadores-consumidores y la industria petrolera.

Mientras Honduras no descubra y explote petróleo propio, por su ubicación estratégica, como lo hace Cerdeña, podría establecer una refinería de maquila, reducir los precios de los combustibles y, con los residuos generar la energía barata que nos urge como pueblo y que nuestra industria necesita para ser competitiva a escala internacional.

Por Carlos López Contreras

Compartir con: