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El peligro de cantar en interiores en tiempos de covid

El peligro de cantar en interiores en tiempos de covid

El peligro de cantar en interiores en tiempos de covid

El pasado 10 de marzo, el ensayo de un coro en el estado de Washington supuso uno de los primeros casos supercontagiadores de covid en EE UU. Multitud de veces citado en estudios y en medios de comunicación, se infectaron 53 de los 61 asistentes al ensayo, a pesar de que guardaron distancia y no se saludaron. Dos de los enfermos murieron. Medio año después, el 11 de septiembre, el ensayo de un coro en Sallent (Barcelona) ha provocado 30 contagios y unos cuarenta aislados. En estos seis meses, numerosos coros —y karaokes— han sufrido brotes en todo el mundo, como en el Teatro de la Zarzuela de Madrid. Los especialistas no dejan de advertir: cantar es una actividad de riesgo. Alzar la voz —en un coro lo hacen todos de forma continuada— provoca que expulsemos más partículas potencialmente contagiosas.

Algunas de estas partículas caen de inmediato, frente al cantante, antes de cruzar la barrera de los dos metros. Pero muchas otras, más finas, permanecen en suspensión. Estos aerosoles se acumulan si no corre el aire y terminan provocando el contagio si otra persona pasa suficiente tiempo entre estas partículas contagiosas que flotan por la estancia cerrada. Por eso, todas las autoridades sanitarias exigen una intensa ventilación de los interiores, también la Organización Mundial de la Salud (OMS). “Esto que ha pasado es justo el problema que venimos denunciando: nadie lo entiende. Nadie entiende por qué hay que ventilar, porque la OMS dice que hay que hacerlo, pero no dice que es porque está en el aire”, critica José Luis Jiménez, experto en aerosoles de la Universidad de Colorado.

El estudio concluye que estos factores son importantes para aumentar el riesgo: «Aglomeración, larga duración, vocalización fuerte y mala ventilación”

En un vídeo del ensayo de Sallent se observa que muchos no llevan mascarilla, que apenas mantienen cierta distancia entre ellos y que las ventanas están cerradas, porque fuera había insectos molestos. El caldo de cultivo perfecto para un contagio masivo. “Las pruebas acumuladas apuntan a que estos factores son importantes para aumentar el riesgo de transmisión de aerosoles en interiores: aglomeración, larga duración, vocalización fuerte y mala ventilación”, concluye un estudio que analiza en detalle lo sucedido aquel 10 de marzo en Skagit (Washington), escrito por Jiménez junto a algunas de las más prestigiosas especialistas de su campo, como Lidia Morawska, Shelly Miller y Linsey Marr.

En el caso de Sallent, la prensa local ha explicado que la ventilación interna estaba cerrada al exterior, por lo que el aire no se reciclaba con el de fuera. Pero sabemos poco de los detalles concretos de cómo se comportaron los cantantes. Sin embargo, este estudio sobre Skagit ha querido volver a revisar cada detalle de lo sucedido para que sirva de una vez por todas como prueba del contagio por aerosoles, que la OMS acepta a regañadientes como una mera posibilidad. El paciente cero casi no interactuó con nadie, no tocó nada, solo cantó, fue al baño (también otros tres cantantes) y se marchó. Y se contagiaron 52 personas. “La pregunta es cómo una persona, sin casi hablar, va a impactar gotas que salen de su boca en otros 52. Esto es imposible. Es un caso clarísimo, que no se puede negar”, reivindica Jiménez. En este estudio, que ya ha sido revisado para publicarse en una revista científica, han repasado cada detalle de aquella escena, interrogando a los propios asistentes.

Así podemos evitarlo

  • Abrir ventanas incluso si causa incomodidad por calor o frío
  • Evitar música de fondo que obligue a alzar la voz (se expulsan más gotas por la boca)
  • Evitar la recirculación del mismo aire
  • Usar siempre el filtrado de aire
  • Reducir aforos interiores
  • distancia 2 o 3 m
  • Ampliar el distanciamiento
  • entre personas
  • Siempre que sea posible,
  • trasladar al exterior la actividad

Con este caso ejemplar pretenden zanjar un debate que algunos creen que es demasiado técnico, pero que tiene repercusiones reales, como critica este especialista. Jiménez asegura que se está incidiendo poco en la ventilación porque la gente no entiende que al hablar, toser o cantar expulsas partículas que quedan en suspensión y si no se airea de forma conveniente la estancia, se pueden acumular y terminar contagiando a alguien. Por ejemplo, en el ensayo de Skagit se contagiaron personas que estaban varios metros a la espalda del paciente cero: el contagio por aerosoles te pone en riesgo aunque no estés frente a su boca. Es lo que se observó en otro de los casos más conocidos, la comida de Año Nuevo en el restaurante de Guangzhou, en el que se contagiaron comensales a más de cuatro metros del paciente cero, con el que compartieron durante una hora una sala sin ventilación exterior. Por eso suponen riesgo esos escenarios, da igual si las mesas están separadas dos metros: en interiores cerrados con gente hablando o gritando la distancia de seguridad no basta. Y también por eso es una práctica absurda retirarse la mascarilla para que se nos oiga mejor: es como retirarse el preservativo para eyacular.

“Hay gente que dice que estos casos de superpropagación son excepciones: pero son los casos que están suficientemente claros para poder estudiarlos y documentarlos. Y los casos de superpropagación transmiten la mayor parte de la pandemia”, advierte. Como informó EL PAÍS, enfermaron víctimas de la covid 52 de los integrantes del coro del Teatro de la Zarzuela, como 102 de los 130 cantantes del coro mixto de Ámsterdam y 50 de los 160 miembros del coro de la Catedral de Berlín. Lo mismo ha sucedido en coros de Austria, Canadá, Reino Unido, Corea del Sur y Francia, siempre en episodios con un número altísimo de infectados, difícilmente explicable sin la vía aérea.

“La aplicación generalizada de controles efectivos de ambientes interiores podría ayudar a limitar la extensión de los eventos de superpropagación y, por lo tanto, contribuir a frenar la propagación de la pandemia”

No solo se canta en los coros. Y hablar en alto, o cantar en pandilla como sucede en los karaokes, genera el triple de aerosoles que hablar en voz baja. La semana pasada, Quebec anunció que clausuraba estos locales de canto después de que 80 personas enfermaran de covid por un brote en un karaoke de la ciudad canadiense. En países como Japón o Corea del Sur son numerosos los informes y noticias que vinculan esa actividad a focos de coronavirus. “Observamos que muchos grupos de contagio estaban asociados a la respiración intensa junto a otras personas, como cantar en fiestas de karaoke, animar en clubes, tener conversaciones en bares y hacer ejercicio en gimnasios”, explicaba un estudio japonés de cientos de brotes.

Según los cálculos del estudio del coro de Skagit, hay muchas cosas que pueden hacerse para reducir riesgos, empezando por ensayar en exteriores, obviamente, como ya hacen muchas agrupaciones. “Nuestro análisis del brote mostró que si el ensayo fuera de 30 minutos en lugar de dos horas y media, en igualdad de condiciones, el riesgo de infección se reduciría del 87% al 12%”, explicaba Miller. Si hubieran llevado mascarillas, el riesgo habría quedado reducido a la mitad. Y una reducción similar si hubieran ventilado bien la estancia. “La aplicación generalizada de controles efectivos de ambientes interiores podría ayudar a limitar la extensión de los eventos de superpropagación y, por lo tanto, contribuir a frenar la propagación de la pandemia”.

Autor/a: Javier Salas El País / Materia

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