Genocidio

Los acuerdos del Alcalde Parcial/ J.E. Mejía Uclés

Genocidio

Hablar de Genocidio, es algo que lastima el alma, que provoca sentimientos de pesar, repulsa, que no es la banalidad del mal, sino que exhala quejidos de las entrañas, como que resurgieran los monstruos que los humanos llevamos dentro. Eso es lo sucedido con la famosa caravana de emigrantes. La subsistencia. Emigrando, esos flujos migratorios se han venido sucediendo periódicamente desde el momento en que las plantaciones bananeras tomaron carta de naturaleza en el atlántico hondureño. Parte de la vida de los costeños.

Según la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio de 1948, el genocidio es un delito que puede cometerse tanto en tiempos de guerra como en tiempos de paz. El Artículo II, de dicha Convención describe el genocidio como un delito perpetrado con la intención de destruir, total o parcialmente, a un grupo nacional, étnico, racial o religioso. El Holocausto de los Judíos por los nazis; el Holocausto de los Armenios por parte de Turquía en 1915; el genocidio o desplazamiento de los Palestinos en Israel; el genocidio de la antigua Yugoslavia; Ruanda, la eliminación de los tutsis por los utus; el desplazamiento de los libios y sudaneses en el Mediterráneo; y ahora los centroamericanos, la muerte latente.

La Corte Penal Internacional, podría condenar a los Estados Unidos de América, al determinar que lo que pasa con los migrantes centroamericanos está sujeto a la identificación de un genocidio, aún cuando los norteamericanos no han reconocido su jurisdicción. La Corte Internacional de Justicia (CIJ), ha sido tajante al manifestar que la Convención para la Prevención y Sanción del Delito de Genocidio, engloba principios que forman parte del derecho consuetudinario general internacional. Entre estos delitos se encuentra la prohibición del genocidio, así como la obligación de prevenir y castigar el acto del genocidio. Estas obligaciones son vinculantes para todos los Estados, hayan o no ratificado la Convención. Asimismo la Corte, también ha concluido que la obligación de prevenir el genocidio, estipulada en el Artículo I de la Convención, tiene un alcance extraterritorial. Y, es por ello que los Estados, tienen la capacidad de influenciar al resto de Estados, de la obligación de emplear todos los medios razonablemente disponibles para prevenir el genocidio, incluso en relación con los actos perpetrados fuera de sus propias fronteras, en este caso particular: Guatemala, El Salvador, Honduras y los Estados Unidos de América.

Teniendo en cuenta el impacto que la comisión del delito de genocidio tiene en las víctimas, la sociedad, las naciones, la paz internacional y la seguridad, lo que demuestra un compromiso con los principios fundamentales de las Naciones Unidas. Los Estados están obligados a poner en práctica mecanismos a nivel nacional (Triángulo Norte de Centro América), para identificar y abordar los factores de riesgo relacionados con el Genocidio económico-social. La historia ha demostrado en repetidas ocasiones que el genocidio es un proceso y que, a lo largo de su desarrollo, existen señales de alerta (flujos migratorios), que marcan el camino hacia ese genocidio. La creación de los instrumentos políticos y legales que nacionalmente se puedan establecer, así como las estructuras que puedan identificarse, son señales de alerta temprana para la prevención del delito. Representando un reconocimiento de la responsabilidad y respeto del Triángulo Norte de Centro América, frente a sus poblaciones.

De ninguna manera puedo justificar a Trump, al nacionalpopulismo, queriendo cerrar fronteras para mantener el poderío blanco, es aplicar un aparteid, tal como se aplico en Sudáfrica, cuando los norteamericanos han triunfado precisamente por la migración que han recibido a través de los siglos. Escuchar, a John Bolton, hablar del destino manifiesto de 1824, es como retrotraerse en la historia y creer en los tiempos de James K, Polk, volver a 1830, a la “América para los americanos”, olvidándose que los tiempos han cambiado. Trump, quiere revivir a los norteamericanos de 1830-1850, que se sentían orgullosos de una civilización norteamericana, que pese a los defectos e imperfecciones, pretendían perfeccionarla y extenderla. Siguen con la idea de tomar Cuba, lo que no lograron en tiempos de Isabel II. Queriendo justificar que el “destino” había sido trazado por el mismo dedo de Dios. El “destino manifiesto”, que justificaba y sigue justificando la ambición de tierras ajenas, ese “destino manifiesto”, orientado en dirección de la línea de menor resistencia, que ahora son los migrantes, que pueden ser masacrados, cuando los norteamericanos ahora, no respetan los derechos humanos. Volvemos de nuevo al filibusterismo. Vuelvo al corolario de Polk, que es idéntico al de Trump: a) Adquirir Cuba, por la fuerza o por el bloqueo; b) La adición a la Doctrina Monroe, que limita el derecho de libre determinación de los países de América; c) El comienzo de una activa política en América Central y del Sur, contra Nicaragua y Venezuela.

Estas podrían ser las conclusiones de Trump, sobre los migrantes: 1. Imponiendo restricciones a las remesas; 2. Cerrar las puertas a la inmigración; 3. Deportar a los a los trabajadores; 4. Y, terminar con los pandilleros.

Krauze, sostiene, que todo fanatismo de la identidad conduce a la Violencia. Actitud de respeto a la individualidad y de empatía o tolerancia hacia los otros. Ahí donde un grupo de personas declara que el “nosotros” es superior al “ustedes, están dadas las raíces de la violencia.

Por:  J.E. MEJÍA UCLÉS

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