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J. E. MEJÍA UCLÉS: LIBER PRIMUS

J. E. MEJÍA UCLÉS: EL MIEDO

J. E. MEJÍA UCLÉS: LIBER PRIMUS

La descomposición social del país camina aceleradamente, somos un país dividido, mortificado, culpable de lo que somos, auto culpables de justificar a unos en la aplicación de la justicia y a otros condenarlos de por vida, graciosos, hasta en eso, increíbles.

Una descomposición social, que con el trastorno de la corrupción nos tiene postrados de por vida, unos roban y las nuevas juventudes están tan arraigadas que estudian para ser corruptos, no para ser mejores hondureños.

La permisibilidad del hondureño es tal, que hemos permitido una reelección de hecho, cuando en otros tiempos violar la constitución constituía un delito que nos obligaba a coger las armas para desterrar al dictador. Las arbitrariedades se dan a raudales, pero por encima de la arbitrariedad cotidiana, está latente en el pueblo hondureño, la rebeldía, que al fin y al cabo triunfará.

Traigo aquí las palabras de Sergio Ramírez, en el sentido de que las arbitrariedades se vuelven cómicas.

Que los hondureños pretendemos es un país en que la democracia se imponga, donde nadie viole la ley, donde nadie robe con descaro los fondos públicos, donde la educación sea de calidad, donde la salud pública que es un grave problema sea resuelto con la voluntad de las partes interesadas, donde se respete la alternabilidad democrática, donde a un señor se le antoje que se va a reelegir por un período de 4 años nada más, violando la Constitución de la República donde la ley electoral se respete, donde se debe establecer la segunda vuelta, y no argumentando que tal procedimiento no puede establecerse porque es caro, pero se roban el dinero que es de todos los hondureños; donde se imponga la separación de los poderes públicos, donde el Poder Judicial sea respetado y los jueces fallen de manera independiente, donde la política no sea refugio de los ignorantes y ladrones, donde los corruptos sean sometidos a juicio sumarísimo, donde la libertad de prensa sea una luz para expresarse libremente; un país donde la verdad sea faro de conducta y honestidad.

Como podernos enmendar la tragedia que vivimos, sugeriría la nominación de un presidente provisional que condujera al país a unas elecciones libres, siempre y cuando el Congreso Nacional, apruebe las reformas a la Ley Electoral, que convoque al pueblo a una elecciones libres y no adulteradas como han sido las últimas, de tal manera que encaucemos al país por la senda de la alterabilidad en el poder y se cumpla con lo que la Constitución Política, dispone a tal efecto.

Traigo a mi memoria la figura del Doctor Álvaro Alfredo Magaña Borja, quien fuera elegido por la Asamblea Constituyente de El Salvador, como Presidente Provisional, para que convocara a unas elecciones generales en 1984.

Los hondureños debemos de crear una figura similar que sustituya al actual mandatario, quien de manera arbitraria y en violación de la Constitución de la República, se “reeligió” en su cargo de Presidente, violando en toda forma el Capítulo I, de la Organización del Estado, en su Artículo 4, “La alternabilidad en el ejercicio de la Presidencia de la República es obligatoria, “La infracción de esta norma constituye delito de traición a la Patria”.

Capítulo VI, del Poder Ejecutivo, Artículo 239, “El ciudadano que haya desempeñado la titularidad del Poder Ejecutivo no podrá ser Presidente o Designado”.

“El que quebrante esta disposición o proponga su reforma, así como aquellos que lo apoyen directa o indirectamente, cesarán de inmediato en el desempeño de sus respectivos cargos, y quedaran inhabilitados por (10) diez años para el ejercicio de toda función pública”.

Por lo tanto el ciudadano aludido, ocupa de facto la titularidad de Presidente de la República constituyéndose como Jefe de Estado, como ya ocurriera en tiempos pasados con Don Julio Lozano Díaz, quien ocupara la Jefatura del Estado, el 10 de diciembre de 1954.

Esta es la realidad que estamos viviendo los hondureños, una falsa realidad, que de seguir así nos conducirá a una postración moral de la cual será muy difícil salir.

En los actuales momentos el pueblo hondureño no cree ni en sus gobernantes ni muchos menos en sus políticos, el desastre que se avecina es tremendo. Sigo creyendo que ninguno de los políticos actuales tiene las credenciales para ser Presidente de la República, en las próximas elecciones.

jmejiaucles@gmail.com jueves, a 22 de agosto de 2019

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