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La tempestad aparece

J. E. MEJÍA UCLÉS: EL MIEDO

La tempestad aparece

Por J. E. Mejía Uclés: Noventa días, y estamos en las elecciones para elegir un nuevo Presidente,  que traduzca como debe gobernar,  recicle el pasado morboso que nos deja el actual gobierno, que sólo se puede destacar por la pésima administración de los fondos del Estado, del latrocinio que ha hecho el gobernante y todos sus adláteres, que de la manera más descarada y sin la menor vergüenza han robado a destajo. Los nuevos millonarios que deberían ser juzgados por la Corte Penal Internacional, pues lo que han realizado es un holocausto en contra de un pueblo digno de mejor ser servido.

A Doscientos años de Independencia de España y México, quince son los partidos que se enfrentan en liza y el de Peña en San Pedro Sula, que todavía no ha sido inscrito, dieciséis. Vergüenza,  contra dinero como lo decía Chibas en Cuba, más les interesa la deuda política, que esta Patria que rasga sus vestiduras.

Ninguno de ellos ha presentado aunque sea un panfleto, con sus ideas de cómo solventar los problemas que vive el país, ni mucho menos un Plan de Gobierno, bien definido que enfoque en forma veraz la administración del Estado. Cada día que transcurre es más difícil manejar nuestro país, Honduras se ha vuelto  un país inmanejable, más que por los buenos deseos que por la mala administración pública, no hay empresa del Estado que no esté quebrada, todas están en bancarrota. Se habrán dado cuenta los administradores del Estado que los único que en este nuestro país camina es la Empresa Privada, me pregunto qué diferencia hay entre unos y otros, lo más significativo y preponderante la honradez, el buen manejo de las empresas, lo único que salva a Honduras del caos. Hemos llegado a extremos que si no concesionamos  los proyectos,  fracasan estrepitosamente,  que demuestra esto que somos una retahíla de incapaces, ladrones del fisco, delincuentes, narcotraficantes,  todo por la falta de educación y conciencia de la nación en que vivimos.

Será la crisis de Honduras, como la que en su día escribiera Daniel Cosío Villegas en la de México “es la renovación tajante, la verdadera purificación. Aspiración que sólo quedará satisfecha con el fuego que arrase hasta la tierra misma en que creció tanto mal”, la corrupción  mal que nos abate y que se inyecta hasta los tuétanos en el alma del hondureño.

Por qué fracasa todo en Honduras, por sus hombres, que son una partida de fracasados,  nos llenamos la boca de querer ser mejores que otros,  pero no lo somos, pocos son los hombrees que nos han gobernado que se si pueden llamar ciudadanos impolutos, Cabañas, Paz Barahona, hombres en él más amplio sentido de la palabra.

Ahora resulta que la Constitución de la Republica, obra Magna, resulta como decía aquel ilustre diputado, es una “babosada”, porque entonces tenemos una, y más  debemos aplicar aquel Principio de la Izquierda de que “si es bueno, déjenlo gobernar y sí es narcotraficante mejor”, cerca de nosotros en la otra orilla del Goascorán,  tenemos un Presidente que se quiere reelegir y en Nicaragua él quien está por repetir su cuarta reelección, veinte años en el poder, comparto con Don Enrique Bolaños, el poder o la guerra. Origen moderno de la planta que aún envenena nuestra vida pública: la intolerancia.

Termino Con la frase de Krause “La historia que conviene a nuestra joven democracia no rinde pleitesía a los héroes, con Morazán, Cabañas Valle y Herrera, tenemos suficiente, ni a los poderes ni a las ideologías: es una historia que sirve de conocimiento, a la honesta búsqueda de la verdad”, verdad que ni nosotros mismos queremos reconocer, más bien malversamos es más deshonestidad y mentiras.

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