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Legislando contra lo natural

Legislando contra lo natural

La naturaleza humana, viciada por el pecado original y la prepotencia, se ha dado la tarea de legislar no solamente las leyes que deben regir las relaciones humanas y la conducta de los pueblos, sino que están llegando al extremo de legislar contra todo lo que es natural, estableciendo leyes y pautas que atentan contra la naturaleza misma.

No podemos negar que detrás de ciertas leyes anormales que se están proclamando en algunos países por los diputados o congresistas son el producto de una presión internacional de algunos organismos dominados por ideologías exóticas del género y los grupos LGTB, los cuales promueven cambiar el orden tradicional y natural, para establecer nuevos valores, tomando el lugar de Dios, para establecer leyes contra lo natural, como un sistema normal y jurídico.

¿A qué me refiero con esto? Algunas leyes que se están emitiendo determinan que no existen dos sexos, masculino y femenino, sino tres sexos, el neutro, lo cual rompe las leyes de la biología, para crear el fundamento que establece que la familia no solamente es la unidad de un hombre con una mujer, sino que por medio del matrimonio hombre como hombre y mujer con mujer, se establece un nuevo concepto de familia, que es impositivo jurídicamente hablando, dentro de la sociedad, y el que no lo acepte, será sancionado.

Imagínense ustedes, que bajo este sistema de leyes, al inscribir a mi hijo en el Registro Nacional de las Personas, establezco que su sexo es neutro, cuando es niño o niña. Una vez que se aprueba, ya queda como norma de conducta jurídica la existencia del matrimonio gay, y la existencia de otras leyes que tratan de respaldar este hecho inaudito, porque dos hombres no pueden engendrar hijos, y dos mujeres no pueden engendrar hijos. Entonces tendrán que alquilar vientres, o adoptar niños para criarlos dentro de un ambiente en donde se rompen los esquema de los roles, para que el niño crezca con dos mamás o dos papás, creándose un conflicto psicológico en las niños, y todo ello con el beneplácito del sistema jurídico.

¿Hasta dónde tiene el congreso de una nación el derecho a legislar contra la naturaleza? Si un poder legislativo tiene el poder de cambiar lo natural, podría establecer que los perros tienen el derecho a tener alas y los peces a caminar. También podrían estipular que podemos cruzar una especie con otra especie, o fabricar en laboratorio a seres humanos asexuales. Podríamos llegar al extremo no muy lejano, de que los robot puedan tener derecho a votar, y que un humano pueda contraer nupcias con un robot.

Los legisladores están puestos para establecer leyes que regulen la convivencia, pero no para que asuman el papel de Dios, alterando las leyes de la naturaleza. Sin embargo, este hecho generalizado en muchos países, es parte de la profecía bíblica, cuando San Pablo afirma que en los últimos tiempos aparecerían hombres “que se oponen y se levantan contra lo que se llama Dios o es objeto de culto, tanto que se sienta en el templo de Dios, como Dios” (2 Tesalonicenses 2:4). De manera que muchos congresos y legisladores están usurpando el lugar de Dios cuando aprueban leyes que van contra el orden natural de las cosas.
¿En qué somos afectados cuando se emiten leyes a favor del género? En que seremos censurados al proclamar lo natural, y posiblemente, se nos quiera obligar a aceptar lo que es contranatural, y tener que decir lo que es imposible de aceptar lógicamente. Un hombre es hombre, y no puedo afirmar que es lo contrario, como tampoco puedo decir que un burro puede volar, y un pez puede caminar, porque esto no es posible.

El problema no está en que censuremos a los que viven desviados sexualmente, porque nadie puede negarles el derecho al libre albedrío. Lo que no puedo aceptar, ni tolerar, es que lo incorrecto se vuelva correcto, y se me trate de imponer una corriente ideológica con matices jurídicos la cual es contraria a lo que la misma naturaleza y la cual se ha establecido de forma impositiva. Podemos cambiar las leyes civiles, sociales y mercantiles, pero jamás un congreso podrá cambiar la ley de la naturaleza humana, ni tampoco la ley de la física o biología.

Por Mario E. Fumero

mariofumero@hotmail.com
www.contralaapostasia.com

 

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