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Nueva alianza con antiguos aliados

Nueva alianza con antiguos aliados

Por Edmundo Orellana: Se aliaron de nuevo, pero en circunstancias diferentes. Libre sigue igual, pero Nasralla, esta vez, cuenta con un partido político.

Libre tiene voto duro, muy duro, por cierto (562,430, según las primarias), Nasralla, en cambio, tiene seguidores; pero nadie sabe cuántos son porque su partido no practicó primarias. Sin embargo, pocos dudan que sumará una buena cantidad de votos a la alianza.

El anuncio sorprendió a todos los que desconocían las negociaciones, porque, apenas unos días atrás, los insultos y descalificaciones entre ambas fuerzas políticas alcanzaron un tono muy desagradable. Olvidaron las graves ofensas, que aparentaban separarlos definitivamente, y depusieron aspiraciones hermanándose en la lucha. Por eso, es ejemplar.

Con esta alianza habrá quienes dejarán de angustiarse por el inminente triunfo de Libre en estas elecciones. El sector empresarial ya tiene connotados representantes dentro de la alianza e, igualmente, los amigos extranjeros de Nasralla, allende el río Grande, verán de otra forma a Libre. A estos se sumarán otros a quienes alarmaba Libre, seguros de que, con estos allegados, Libre revisará algunas de las propuestas que les preocupa, puesto que la alianza se conformó para sacar al PN del gobierno y para gobernar juntos, lo que significa que las políticas y decisiones deben estar animadas por la visión común que surja de la alianza, en las que habrán de coincidir los intereses de los aliados.

Se repartieron las responsabilidades, asignándole directamente a Nasralla la de decidir quién será el diputado-presidente. Pasando por alto el hecho de que es una promesa en el aire, debe destacarse el carácter delicado del tema porque nos anuncian que el principal problema de nuestro sistema político continuará minando las instituciones republicanas y democráticas del país, es decir, que seguirá incólume la dictadura parlamentaria. El diputado-presidente conservará, por cuatro años, sus poderes en perjuicio de la representación nacional; en otras palabras, quienquiera que sea, impondrá, en el período gubernamental, arbitrariamente sus caprichos y preparará su candidatura presidencial.

Esta distribución de responsabilidades también nos enfrenta a otro aspecto de nuestra tradición política que ha contribuido al deterioro de la República. Me refiero a la forma de designar los titulares de los poderes Legislativo y Judicial, así como los titulares de los órganos de relevancia constitucional. Desde ya se advierte a los diputados que asuman el 27 de enero que no elegirán libremente el diputado-presidente. Preludio de lo que ocurrirá con la elección de las nuevas autoridades en la Corte Suprema, TSC y MP.

Ese modus operandi plantea que quienes decidan incorporarse a la alianza también podrán disponer de porciones del poder público. Queda el Poder Judicial, el MP y el TSC, cuyos titulares serán repartidos entre los que se lleguen. No hay esperanzas, entonces, de eliminar el sistema de impunidad.

Según el resultado de las primarias más de un millón de nacionalistas fueron a votar. Sin embargo, ese número no es confiable, porque muchos de esos votos son de empleados públicos amenazados con perder su trabajo si no votaban y otros el resultado del fraude, que no fue poco. Sin embargo, en todas las encuestas el candidato del PN sigue muy de cerca a la candidata de Libre, pero al pasar esta a candidata de la alianza lo aventajará en mucho, y si se une el PL, la diferencia será abismal.

Con esta alianza la dictadura, consciente de su desplome, reacciona creando inestabilidad en la frontera con un mensaje amenazador a El Salvador, y ordena atacar a la alianza y a sus actores. JOH aún es peligroso y no por los insultos de sus áulicos. Todavía concentra en sus manos mucho poder del que puede disponer arbitrariamente y asegurar el triunfo al PN a toda costa.

En las mesas electorales se deciden los resultados y en la transmisión de estos la victoria. Si se evitan interferencias perversas en estas etapas, el PN nada podrá hacer para evitar el triunfo de la alianza. Para que el fraude no se repita digamos con fuerza: ¡BASTA YA!

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