El Waraira Repano, principal cerro entre Caracas y La Guaira conocido como el Ávila, sufrió daños superficiales luego del doble terremoto de hace cuatro semanas, dejando desplazamientos de tierra que no llegaron al macizo rocoso, pero requieren un monitoreo constante ante el riesgo de derrumbes mayores por la actual temporada de lluvias en Venezuela.
El presidente de la Sociedad Venezolana de Geólogos, Feliciano De Santis, indicó a EFE que pudo hacer un monitoreo de la montaña, que se extiende por Caracas, el norte del estado de Miranda y el sur del de La Guaira, corroborando que hubo un daño «muy superficial».
«Lo que falló fundamentalmente es el suelo, el suelo residual, o sea, la roca más superficial y no vi mayor novedad», sostuvo.
Desde la ciudad, se pueden ver algunos «rasguños» en el Waraira Repano, declarado parque nacional en 1958, que deben ser motivo de monitoreo constante por parte de las autoridades, según De Santis.
«Aquí el problema no es la inestabilidad en el Ávila, el problema es estar atentos porque si se produjera un derrumbe mayor y te obstruye una quebrada, te pudiera dar un alud, entonces esto es una combinación del tema sísmico que ya pasó (…) y de acumulación de lluvias», agregó.
Si las lluvias sobrepasan los 200 milímetros en una semana (200 litros por metro cuadrado), prosiguió el ingeniero, se puede entrar en el fenómeno del colapso hidráulico, «que normalmente hace que se produzcan saturaciones excesivas en los suelos superficiales y también algún tipo de caída por presiones hidrostáticas de los macizos rocosos y eso sí puede causar una obstrucción» en una quebrada.
Sin embargo, De Santis afirma que dentro de su evaluación pudo observar que las canalizaciones de las quebradas de la montaña «están bien en general».
Restricciones para el senderismo
El ministro para Ecosocialismo (Ambiente), Nelson Rodríguez, informó recientemente de que se mantienen restringidos los accesos al parque, en los que cientos de caraqueños hacen ejercicios a diario, luego de que se produjeran desplazamientos de tierra y masas vegetales.
Rodríguez explicó, en una nota del canal estatal Venezolana de Televisión, que las réplicas de los sismos del pasado 24 de junio -que ya se sobrepasan las 1.400- generan inestabilidad, «sobre todo en las cuencas, en las cabeceras de los ríos por el lado de Caracas».
Además, dijo que por el momento solo hay un sendero habilitado para las visitas hasta el nivel de guardaparques. La montaña tiene una altitud de entre 120 y 2.765 metros sobre el nivel del mar, dependiendo del extremo en el que se mida, con una superficie aproximada de 851 kilómetros cuadrados.
La semana pasada, el Instituto Nacional de Parques (Inparques) de Venezuela aseguró que el Waraira Repano no sufrió daños estructurales ni colapsos tras el doble terremoto de magnitud 7,2 y 7,5 que ha dejado más de 5.300 fallecidos.
De Santis añadió que las réplicas que se han dado en el país tras los terremotos no van a causar ningún efecto en la montaña, debido a que han sido menores a la magnitud 4,5.
«Es decir, tiene que haber una magnitud 5 muy cercana al lugar, para que se provoque una inestabilidad, un derrumbe, una cosa de ese estilo», apuntó.
Prevención
La conservacionista venezolana Karen Brewer-Carias dijo, en un vídeo publicado en Instagram, que es necesario la preparación por las lluvias y estos derrumbes superficiales en el Waraira Repano, que incluya un plan de evacuación en caso de crecidas en las quebradas.
A su juicio, se pueden organizar grupos de personas para que inspeccionen cuáles son las quebradas más vulnerables e instalar cámaras para evaluar si hay alguna crecida repentina.
«Si vemos que llueve continuamente, que se empieza a formar un tapón y que el color del agua empieza a cambiar a barro, necesitamos dar la alerta de evacuación», sostuvo.
De Santis considera que esta evaluación se debe hacer de forma permanente, más allá del doble terremoto que vivió el país, con sistemas de medición de lluvias y de observación, por lo que destaca la importancia de mantener una densas redes meteorológicas, sismológicas y acelerográficas.
Igualmente, destacó que tras el deslave de La Guaira -oficialmente Vargas hasta 2019- en 1999, se hicieron las canalizaciones de las quebradas y se les dejó el ancho para que los aludes torrenciales pasen de largo y no afecten a la población.
«De todas maneras siempre hay que estar pendiente de esas cosas», apostilló. EFE
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